La expedición francesa al mando de André Bronner partió hacia la Isla de los Estados, ubicada en el océano Atlántico Sur, al este de la península Mitre de la isla Grande de Tierra del Fuego, de la cual está separada por los 24 km del estrecho de Le Maire. Navegan más de 24 horas en velero para llegar al Faro del Fin del Mundo. Bronner va con once personas, en su mayoría franceses, que lo acompañan en esta travesía que busca renovar las luces del mítico Faro San Juan de Salvamento. El único tripulante fueguino de la expedicón es el artista Fernando «Cani» Soto.

Hace 20 año, Bronner hizo el mismo viaje y descubrió las ruinas del famoso faro, que la novela homónima de Julio Verne le dio fama y apodo. El original fue abandonado y permaneció en ruinas cerca de un siglo. En 1989 con personal del Museo Territorial se hizo un primer relevamiento de la zona.

En 1994 los restos fueron visitados por el navegante francés, que, fascinado por la novela de Julio Verne, partió en busca del «faro del fin del mundo».  En esa expedición, “Yul”, originario del puerto francés de La Rochelle, se pierde debido al mal clima. Estuvo 5 días sin saber dónde estaba. Las condiciones atmosféricas particularmente difíciles lo obligaron a renunciar al uso de una carpa. Se refugió en las grutas del lugar. Pero, el humo lo asfixiaba y debió construir una cabaña en un árbol.

En este territorio salvaje, virgen, en esta tierra donde la naturaleza es dueña de todo, asentado en su árbol, Yul contempló el borde del mundo. Siguió atraído y fascinado por el misterio de estas tierras australes. Las ideas se mezclaban en su cabeza : la novela de Julio Verne, la historia de la Argentina, la historia de este lugar mítico. Todo esto lo convenció de lanzarse en una nueva aventura, de realizar un nuevo sueño: decide que volverá para reconstruir el faro.

Volvió a la isla en 1995, donde permaneció 3 meses aislado y sobreviviendo con medios rudimentarios en Bahía Flinders, extremo occidental de la isla. Decidió emprender el proyecto de reconstruir el faro, y con este fin creó el mismo año en el puerto francés de La Rochelle la Asociación del Faro del Fin del Mundo.

Al principio del 98, diez hombres, amigos de Yul, desembarcan en la Isla de los Estados para reconstruir el faro. La expedición se compone de carpinteros, dos pintores, un fotógrafo-camarógrafo, y un músico. Durante seis semanas, estos hombres van a cargar en sus espaldas 15 toneladas de zinc y madera, para reconstruir el faro hexagonal en la punta de San Juan de Salvamento.

El 26 de febrero de ese año, en este fin del mundo austral, donde la tierra esconde todavía en sus entrañas los huesos de los aborígenes, la luz del faro se prendió de nuevo, resucitando esas almas y alumbrando el pasado.

Veinte años después, André junto a la asociación francesa regresa para reparar el monumento, cuyo sistema luminoso está defectuoso. «Vamos a instalar un sistema de iluminación con luces led, que está alimentado por energía solar. El sistema es igual al que está instalado hace 20 años, pero este nuevo precisa cinco veces menos volumen de baterías. Esto reduce los paneles solares de ocho a dos y permite una autonomía de funcionamiento de 75 días sin sol. Su costo es de unos 12 mil euros», dijo el francés.

El Faro del Fin del Mundo había sido construido en 1884 en la Isla de los Estados. Los argentinos lo abandonaron a principios del siglo XX en beneficio del faro Año Nuevo, construido en 1902 en la isla Observatorio, un poco más al norte.

Fuente: Crítica Sur.